HAY QUE VENCER O GANAR
Hay tardes, en las que momentos después de que dejen de silbar las balas, justo cuando empieza a ponerse el sol, en las que me invade un sentimiento altamente peligroso para alguien que está en guerra. Peligroso, me dicen que es algunos compañeros de trinchera…yo no diría tanto.
Esto sólo pasa afortunadamente de vez en cuando, en las tardes templadas, en las que no hemos tenido bajas y el enemigo no nos ha ganado terreno. En las que hubo sangre, como ayer no, en esas no. Y estas, en las que hay heridos, en los tiempos que corren son más, cada vez más.
Siento, para que todos sepamos de lo que hablo, que es imposible que los que están al otro lado, en la trinchera “enemiga”,(aunque hasta hace unos minutos tiraran a dar), que andarán quietos como yo ahora con un café entre las manos, tras la tensión de un duro día de batalla, puedan tener la intención de acabar con frialdad o a bayoneta calada con lo que desde aquí desde donde yo estoy, consideramos justo.
No es verdad, me digo, he mirado a los ojos a algunos de ellos y es imposible que ese sea su propósito. Es imposible que pretendan acabar entre otras cosas con la igualdad en derechos y oportunidades para todos, también para ellos. No pueden esos ojos mirar un futuro en el que los que menos tienen no sean apoyados por los que tienen más. No es posible que algunos de ellos que son precisamente de los que menos tienen prefieran ser explotados.
Esto lo comento en alto por descuido y alguno de los compañeros me mira entre apenado y desconfiado y me llama ingenuo. Yo creo que no, que lo que me pasa más bien es que soy un poco despistado.
La pregunta es ¿Por qué?, ¿por qué lo hacen?, ¿por qué no entienden que si acaban con lo que nos hace libres e iguales se están rebajando así mismos, es están esclavizando?
Hay veces que aparece alguna leve respuesta, pero muy poco esperanzadora. La respuesta, leve y titánica a la vez, es que creemos en el hombre y la mujer de manera distinta. Creemos en humanidades que tienen principios y valores no ya distintos sino antagónicos.
En la humanidad que nosotros defendemos todos somos libres y diferentes y por eso reconocemos que hay fuertes y débiles en origen pero no consideramos que eso sea una casta sin escapatoria y no permitimos de antemano que los fuertes pisen a los débiles. En su humanidad también son libres pero si los fuertes no pisan a los débiles, lo justo como para que no mueran aplastados pero también lo justo para que no puedan escapar, sino lo hacen, entonces los fuertes se convierten en débiles y merecen ser pisados por otros fuertes.
En nuestra humanidad la mayoría acepta que tenemos que ser solidarios y que por tanto los que más tienen deben aportar más en una suerte de redistribución de la riqueza. Pero en su humanidad los que más tienen no debieran ser molestados con esas tonterías pero no debe ser prohibido y entre los que menos tienen se permite la solidaridad “bien entendida”, eso si.
En mi sociedad (utilicemos un lenguaje más duro) trabajaríamos para proporcionar igualdad de oportunidades y para ello, para que todos partamos de la misma línea de salida corregimos las diferencias utilizando la discriminación positiva.En su sociedad, la discriminación preferida es la negativa, defendiendo así los privilegios de origen por encima de los derechos.
Con todo esto me doy cuenta de que cuando observo y me observan los de la trinchera de enfrente, lo que está pasando es que nos miramos pero realmente no nos vemos y cuando, pocas veces, es cierto, en alguna de esas treguas diplomáticas que a veces se producen, debatimos afablemente e incluso sonreímos, la realidad es que nos oímos pero no nos escuchamos.
Ya está, ya se me está pasando.
Otra vez estoy aquí , en la trinchera, limpiando el viejo teclado desde el que disparo, he afilado de paso la vista y la lengua y ya están dispuestas y vigilantes para la jornada de mañana…las ideas en su sitio…ya no hay duda…todo está claro…
...y hay que vencer o ganar.
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